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Buscamos este bebé durante muchos años. Durante esa búsqueda intentamos todo lo que estaba a nuestro alcance, tratamientos y protocolos de fertilidad en clínicas diferentes, tanto en España como en Alemania. Pero luego de varias muy frustratntes experiencias, y ya con las últimas fuerzas y esperanzas, finalmente llegó la noticia mas esperada… ¡beta positiva!
Quizás por lo emocionados, y asustados en partes iguales, que estábamos al enterarnos que finalmente este deseo tan profundo iba a hacerse realidad luego de casi 7 años de espera, le dedicamos mucho tiempo a decidir donde parir y quien nos iba a llevar el embarazo. Además, yo era una madre primeriza con 41 años, por lo que me asustaba mucho que hubiera complicaciones extra.
Después de investigar, preguntar y meditarlo en pareja, nos decidimos por la clínica Nuevo Belén y que fuera la Dra. Begoña Arriaga quien llevara nuestro caso. Y no pudimos acertar mas. Ella y su secretaria Cris fueron muy amorosas y nos ayudaron a transitar esto muy naturalmente y nos despejaron todos los miedos enseguida. Porque para hacer todo esto mas “emocionante” aun, a los 5 meses de embarazo nos pilla un confinamiento y una pandemia mundial. Menudo timing para venir al mundo traía este peque.
Pero debe ser que tenia tantas ganas de llegar que nos hizo todo bastante fácil y afortunadamente transité un embarazo muy bueno. Semana a semana iban cumpliéndose los síntomas y parámetros esperados, uno a uno, casi sin sobresaltos. Mi cuerpo reaccionaba estupendamente a pesar de las circunstancias. Por esta razón pudimos plantearnos el lujo de elegir la opción de un parto natural y respetado, con la venia de nuestra ginecóloga.
Investigando sobre el tema me llegaron muy buenas opiniones de los cursos, ahora online, sobre preparación al parto por lo que me inscribí en el curso sobre “Manejo del dolor en el parto”, que era el que obviamente mas me preocupaba. Así conocí a Elena, quien lo dictaba y de quien luego tuve muy buenas referencias por parte de gente muy cercana. Ella nos despejó dudas y miedos sobre el parto y los temidos dolores asociados.

Mas adelante conocimos la Unidad de parto de Baja Intervención y Natural, la cual te da una inmediata sensación de tranquilidad y bienestar. Seguíamos reafirmando que habíamos tomado la decisión correcta. Si uno tiene la suerte de atravesar un parto sin riesgos que mejor que hacerlo en el ambiente mas confortable posible. Este iba a ser nuestro primer y probablemente único parto, por lo que deseábamos vivirlo en el mejor lugar que pudiéramos encontrar y de la mejor manera posible, lo teníamos muy merecido después de tanto esfuerzo y espera.

Llegamos a la semana 40 con una ola de calor nunca vista en Madrid, una barriga gigante, contracciones irregulares bastante frecuentes y una retención de líquidos galopante. Todo esto hacia que los días y sobre todo las noches de las ultimas dos semanas se hicieran eternas. En el último control conversamos con la ginecóloga De Pedro (quien finalmente llevó el parto porque la Dra. Arriaga no estaba esos días), sobre si queríamos intentar un protocolo de inducción. No podíamos estar mas de acuerdo por lo que planificamos comenzar con el mismo al día siguiente.
Sobre las 9 de la mañana me ingresan en la clínica, me revisa una ginecóloga de guardia y luego del monitoreo de rutina me ingresan en una habitación normal para comenzar la inducción. En todo momento está Elena, la matrona, con nosotros quien nos explica el procedimiento que vamos a seguir y los tiempos normales en estos casos. Luego de colocarme las prostaglandinas ella nos deja en la habitación para que pudiéramos relajarnos y esperaba volver a vernos al día siguiente, ya que este proceso normalmente lleva unas 24 horas. El inconveniente con el que nos encontramos nosotros fue que aparentemente tengo algún tipo de sensibilidad a este inductor y en vez de un efecto gradual y ascendente empecé a sentir unas contracciones muy seguidas, sostenidas y que evolucionaron de dolorosas a insoportables en unas pocas horas. Ninguno de los trucos de manejo del dolor funcionaba ya y comencé incluso a tiritar de dolor. Luego de verme varios enfermeras, matronas y médicos en el transcurso de esas horas y que la situación no mejoraba, llamaron a mi ginecóloga y a Elena quienes decidieron quitar el inductor y preguntarme si quería probar con la epidural para aliviarme. Que alegría y consuelo mas grande sentí, primero por saber que iba a sentirme mejor y segundo y mas importante porque no quería que el parto se complicara de ninguna manera.

A partir de este momento todo fue mucho mas parecido a lo que esperaba. Epidural, rotura de bolsa natural luego de la inyección, desaparición casi completa del dolor de las contracciones y al fin poder conectarme con la idea de que nuestro bebe estaba a punto de salir al mundo.
En ese momento me trasladaron a la habitación de parto natural, donde me esperaba el papá y donde todo el entorno ayuda para vivir este momento plácidamente. Yo lo sentí como un profundo suspiro, donde no te sientes para nada en un hospital. Todo es silencioso, tranquilo, la iluminación es muy tenue y agradable y tienes ayuda para lidiar con el dolor (piscina, pelotas, unas sogas, tu propia música, etc.). Pero en mi opinión lo mas importante fue la tranquilidad de estar solos mi pareja y yo y Elena quien nos asistía a cada minuto. Ella controlaba que todo marchara según lo previsto, pero también que yo me encontrara a gusto. Para mi mala suerte tuve un cólico nefrítico, el cual venia molestándome hace un tiempo y que se desencadenó con todo en ese momento, con un dolor bastante intenso y que no remitía con la anestesia. Ella estuvo pendiente para que estuviera lo mas cómoda posible, asistiéndome de mil maneras para aliviarme.

Después de un par de horas al fin llego el momento de trabajar y empezar a pujar. Comienzo a pujar teniendo al papá cogiéndome fuerte de la mano, emocionado y presente y a Elena quien de forma muy dulce y firme me indicaba exactamente como tenia que hacerlo, mientras me alentaba diciéndome lo bien que lo estaba haciendo. Lo que mas recuerdo de ese proceso fue la sensación de sentirme protegida y cuidada en todo momento y en calma, segura y sin miedo, y se que eso me acompañará siempre.

A pesar del cansancio y el esfuerzo todo fue tan maravilloso, y poderoso que nunca lo hubiera imaginado así. ¡Incluso pude tocar su cabecita antes de que saliera completamente!
Para el ultimo tramo del expulsivo llego la ginecóloga quien continuó ayudándome hasta que finalmente luego del ultimo esfuerzo me dijeron ya esta aquí y me lo pusieron en mis brazos mientras lo asistían para dar ese primer grito de vida, y a que su papá tuviera su primer acercamiento cortándole el cordón umbilical. No puedo decir exactamente cuanto tiempo duró toda la etapa desde que comencé a pujar hasta el alumbramiento, me dijeron que menos de una hora, pero es que cuando te ponen al amor de tu vida en tus brazos el tiempo se desvanece. Y desde ese momento ya no te separan de él ni un minuto y tu vida cambia para siempre.

Quiero agradecer especialmente a Elena y también a las dos ginecólogas que llevaron mi embarazo, así como las enfermeras, médicos y matronas de Nuevo Belén que nos atendieron durante los días que estuvimos ingresadas. Todas ellas ayudaron a que este proceso fuera mucho mas fácil y aligeraron mucho el peso de una situación tan extraordinaria como es el parir en una pandemia. ¡Gracias infinitas!

Javier, Alejandra y Bastian